“¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa, con cualquier otro nombre, olería igual de dulce.” Esta frase es mencionada por Julieta en el clásico de la Literatura “Romeo y Julieta”. ¿Y porque estamos leyendo a Shakespeare en una página de autos? Para empezar porque es cultura y siempre es bueno culturizarse, pero, además, porque me pareció una buena introducción para el tema que nos ocupa hoy. Los nombres o las denominaciones de los autos.
Ante esta premisa planteada por la Niña Capuleto, vienen al tintero, dos historias no tan conocidas del mundo automotriz.
La primera es la de la denominación GT350 para la versión del Ford Mustang potenciada por Carrol Shelby.

Cuenta la leyenda que cuando el equipo de marketing de Ford, buscaba un nombre para esta nueva versión, fue el propio Shelby el que dijo que el nombre no importaba, que lo que vendería el auto seria su desempeño. Es asi como mando al jefe del proyecto Phill Remington a contar cuantos pasos había entre las oficinas y el taller donde se llevaba a cabo el proyecto. Este hizo caso y le dijo que los pasos eran 347. A lo que Carrol lo redondeo en 350 y es de allí donde se origino dicha denominación. Si bien esto parece mas leyenda que realidad, lo cierto es que esta historia la contó el propio Shelby en diferentes entrevistas.

Otro caso similar es el de la leyenda indiscutida, el Dodge Charger Dayotona, el cual, durante bastante tiempo, fue conocido como el Auto sin nombre.
Le pregunta era, como mejorar un automóvil cuya potencia ya se había hecho legendaria. Pues la respuesta era bastante simple, mejorar su aerodinámica. Para esto se agrego una nueva trompa, puntiaguda la cual fue complementada por un aleron gigantesco, de unos 60 cms de altura, lo cual de dio, finalmente un cx de 0,28, algo muy bajo para la época.

El proyecto fue tan rápido y secreto, que, al momento de esta listo, el equipo de marketing no tenía listo un nombre. Incluso, se genero una campaña la cual decía, en inglés “¿Escuchaste hablar del auto sin nombre? Pronto lo vas a conocer”.

Finalmente, y como la mayoría sabe, el auto tomo el nombre de uno de los circuitos más emblemáticos de la Nascar, categoría para a cuál, justamente fue construido para su homologación.
Cuando el nombre si importa
Ahora bien, si esos casos muestran que el nombre no importa, también existen casos, donde el contrario debió se cambiado para poder venderse en algunos mercados, dado que el nombre significaba o sonaba muy parecido a palabras ofensivas o negativas en el idioma donde se pondría a la venta.

Ejemplo de esto es nuestra querida Chevy, la cual es la vieron vernácula del Chevrolet Nova estadounidense, pero el nombre podría interpretarse como que el auto “no Iba” o cambiando el tiempo verbal, “No Va”. Por lo que se opto por usar para el nombre del modelo, el nombre de la versión de la segunda generación, es decir Chevy II, sacándole el 2.

Casos mas obvios, son los del Mitsubishi Pajero, Nissan Moco o Mazda Laputa, vehículos cuyos nombres debieron ser cambiados y en algunos casos ni siquiera se vendieron en ciertos mercados.

Quizás el que pasó desapercibido en argentina es el caso de Chrysler PT cruiser, el cual con pronunciación en ingles disimula, pero en español rioplatense…

Para finalizar, y saliendo de casos del idioma español, la marca Audi, vendió en Francia su modelo eléctrico e-tron, pese a que en el idioma Galo etron, significa literalmente excremento.

Y ¿vos que pensas? ¿importa el nombre en un automóvil? ¿conocías estas historias? Te leemos en comentarios


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