Rutas mortales: una epidemia fatal que a nadie parece importar

En su libro “¿Por qué? Reflexiones del transito y los argentinos” el abogado y Magister en Seguridad vial Ramiro López, se pregunta “¿De verdad nos importan las muertes que hay? Y ¿De verdad queremos cambiar? Y si bien, mi edición del libro, tiene mas de un lustro, estas preguntas suenan tan actuales…

Las ultimas semanas fueron particularmente dolorosas para el pueblo misionero, en cuanto a accidentes de transito se refiere. Desde la colisión del ómnibus en el puente sobre el arroyo Yaza, hasta el choque del dos pick ups sobre la ruta doce en cercanías a Ituzaingó, prácticamente todos los días hemos tenido un (o en algunos casos mas de uno) muerto por accidentes de tránsito en la región.

Una sociedad insensible ante el drama vial

Ahora bien, la sociedad se ha vuelto tan insensible, que lejos de reflexionar y hacer un mea culpa respecto a las conductas en el tránsito, escuchan los datos como si de muertos en una guerra en un territorio muy lejano se tratara, sin darse cuenta que la muerte esta muy cerca, y no hacen nada para alejarla.

Justamente, esta misma semana, fue noticia la colocación de diferentes radares de velocidad en varios puntos de la provincia, y sin embargo, la sociedad parece escandalizada, como si de un impuesto nuevo se tratara. Parte de esta escandalizacion es culpa del propio gobierno, quienes en numerosas ocasiones persiguen más bien un fin recaudatorio, que un fin educador o aleccionador, con sistemas falibles, que cuando fallan, ponen cientos de trabas para repetir lo pagado y/o anular una multa mal realizada. Sin embargo, en muchos casos, el escandalo de la sociedad, radica únicamente en que se le ponga un límite a sus libertades.

Y es que, al hablar de libertades, tenemos que comprender, que esta debería ser absoluta cuando no afecta a terceros, sin embargo, muchos excesos en la libertad, le han costado y le van a seguir costando la vida a personas inocentes.

Las señales no son sugerencias

Los limites de velocidad en las rutas de nuestro país, generalmente son claros, con señalética visible, sin embargo, muchas personas entienden que los mismos son una sugerencia y no un limite impuesto y deciden, dolosamente, superarlos. Y es posible que no hayas visto un cartel de máxima 80 en algún momento, pero, si vez que llegas a una zona urbana, por más que el cartel no este o no lo hayas visto, tenes que levantar la pata maestro, por tu bien y el de los demás, y si no lo hiciste y te pusieron una multa, la misma está bien puesta.

Durante el verano, es hasta gracioso ver vehículos que, al trasladarse dentro del territorio nacional, lo hacen pareciendo que huyeran del mismísimo lucifer, y, sin embargo, luego de cruzar aduanas, en territorio extranjero, vez los mismos vehículos respetando las velocidades máximas mejor que el mas aplicado de los boy scouts.

La trampa cultural del “siempre zafamos”

Pasa que, en nuestro territorio, creemos que de alguna forma vamos a zafar, un amigo abogado con saña, o un conocido que trabaje en la municipalidad, de alguna manera nos va a limpiar la multa, y haciendo esto, la multa, perdió el propósito, ya que, no sirvió de escarmiento para nadie.

Como dijéramos líneas arriba, en muchos casos, los radares de velocidad, persiguen un fin recaudatorio, sin embargo, si se hace un análisis imparcial, se vera que estos, se encuentran colocados en zonas urbanas, donde es necesario reducir la velocidad y por lo tanto, la multa que eventualmente puedas ser acreedor, fue consecuencia de una transgresión que si bien, no tuvo una consecuencia real, pudo haberla tenido, y muy grave.

Un llamado a la reflexión personal

Entiendo que todos deberíamos hacer una reflexión personal y preguntarnos ¿respeto las velocidades máximas? ¿evito consumir sustancias (alcohol o drogas) antes de ponerme al volante? ¿Respeto la doble línea amarilla? ¿realizo los controles correspondientes a mi vehículo antes de salir a la ruta? ¿respeto las distancias de frenado? ¿evito usar el celular a conducir?

Si la respuesta fue afirmativa a todas estas preguntas, felicidades, en principio no sos parte del problema y deberías hacer docencia al respecto. Por el contrario, si una o varias respuestas fueron negativas, deberíamos tomarnos un momento para reflexionar. No debemos respetar las normas de tránsito para evitar multas, debemos hacerlo para cuidar nuestra integridad física y la de los demás, para cuidar nuestro patrimonio, para no joderle la vida al resto.

La epidemia vial en nuestro país, y sobre todo en nuestra región, parece intensificarse y parece no importarle a nadie. Pongamos nuestro granito de arena, para que esos numero empiecen a bajar y, sobre todo, para que nosotros mismos y nuestros seres queridos, no se vuelvan simplemente parte de una triste estadística.

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